Escapada a Segovia: acueductos, castillos y cochinillo… ¡mucho cochinillo!

Luminosa, abierta y hermosa, conviene no caer en el error de pensar que por tratarse de una ciudad pequeña puedes recorrerla y conocerla en un rato. Porque más allá del cochinillo, el acueducto, la catedral y el alcázar, (todo imperdible, por supuesto), Segovia es una ciudad de plazas y miradores con vistas a la sierra, de iglesias románicas (más de 20), de una judería estupendamente conservada y llena de encanto y de una cocina que te hará renunciar a esa dieta sin sentido que te empeñaste en empezar después de las navidades.

Una ciudad para caminar sin mapa, para saborear a lo grande y sin miedo y para recordar en qué consiste regocijarse en los auténticos placeres de la vida. Si estás buscando una escapada épica y sabrosa, Segovia es tu destino.

El Acueducto: gigante de piedra y selfies obligatorios

El Acueducto de Segovia es tan impresionante que da un poco de vértigo… y mucho orgullo histórico. Construido hace casi 2.000 años, sigue en pie sin mortero, solo con piedras encajadas como piezas de LEGO gigante. Curiosidad: tocar la primera piedra mientras pides un deseo es tradición… y si tu deseo es ‘que el cochinillo esté de rechupete’, ¡funciona casi siempre!

Alcázar: castillo de princesas y caballeros

El Alcázar de Segovia parece sacado directamente de un cuento de Disney. Subir a sus torres es un plan romántico hasta que te das cuenta de que hay escaleras tan estrechas que podrías rozarte con un dragón imaginario. Y sí, las vistas desde arriba son de esas que hacen que tu Instagram necesite una actualización urgente.

La Catedral: la gran dama

Su estilo gótico tardío te hace sentir pequeño (o, en mi caso, más bajita de lo habitual). Las vidrieras, los retablos y cada puerta tallada cuentan historias que podrían competir con cualquier serie de fantasía medieval en streaming.

Comida: cochinillo, ponche y felicidad instantánea

Segovia no es solo bonita, es un paraíso para el estómago. El cochinillo asado aquí es casi religión. Crujiente por fuera, jugoso por dentro y acompañado de pan para mojar. Y para los golosos, el ponche segoviano, dulce con bizcocho, crema y mazapán que podría causar adicción inmediata.

Paseo por el casco antiguo

Obligatorio tras la comilona, perderse por las calles empedradas del centro histórico es una de los mayores placeres para el buen viajero. Cada esquina tiene una iglesia, una plaza o un rincón curioso.

Consejo Linecar:

Para una escapada sin estrés, ir en coche de alquiler o coche compartido es lo ideal. Llegas a tu ritmo, aparcas cerca del centro y te mueves sin prisas, disfrutando de cada rincón… y asegurándote de no perder ni un minuto de cochinillo.

Segovia es historia, arquitectura, callejuelas y mucho, mucho apetito. Ideal para un día, un fin de semana… o hasta que tu cinturón diga ¡basta’.

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